Chuspamontes,CEEmontes

jueves, 4 de febrero de 2021

EL CANGREJO TIFO (Cuento infantil)

 

1465





TIFO, EL CANGREJO SABIO (Cuento infantil)

 

En la costa de Alicante, y a poco más de un kilómetro del puerto deportivo, se había afincado TIFO, un cangrejo de mediana estatura y color rojizo, de ojos saltones y tremendas pinzas delanteras.

TIFO, vivía con un grupo grande de cangrejos de su especie, entre un montón de rocas, que servían de muro de contención para el oleaje. Por las mañanas dormitaba escondido entre las grietas más profundas. Pero cuando el sol declinaba salía de su escondite y buscaba alimento; lo hacía entre algas y el plancton, donde siempre encontraba peces pequeños o algún otro diminuto crustáceo, a veces también se alimentaba de las crías pequeñas de tortugas, de gusanos o de alguna ave muerta que transportaban las mareas hasta las rocas.

El cangrejo se reunía muchas veces con sus amigos vecinos y jugaban a hacer carreras de roca a roca y en muchas ocasiones les ganaba, era un cangrejo fuerte y muy rápido.

Aquella tarde mientras jugueteaba con sus compañeros vieron una sombra que se les acercaba y rápidamente se dieron a la fuga. TIFO, estaba amagado en una grieta donde tenía buena visión de su contorno y vio que la sombre se transformó en un muchacho que llevaba en sus manos una caña y un cazamariposas. FIFO, dio de seguida la voz de alarma, con unos sonidos repetidos con sus pinzas para que sus amigos no salieran. Hasta ahí, todo estuvo controlado.

Pero el muchacho puso en el final de su caña un gusano de cebo y la acercó al lugar por donde se escondieron la mayoría de los cangrejos. Y hubo uno muy raquítico y con mucho apetito, que al ver el gusano se olvidó de la señal de alarma que había dado TIFO y se lanzó sobre el gusano, cayendo en el cazamariposas del muchacho, que se puso muy contento con su caza.

A TIFO que lo estuvo viendo todo, le sirvió de lección para no fiarse nunca de ninguna comida fácil, porque en ocasiones  puede ser una trampa.

 

Elda 4 Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

CON LA VENTANA ABIERTA

 

1464





CON LA VENTANA ABIERTA

 

Cuando tenía cerrada la ventana,

yo estaba imbuido en mis pensamientos,

de tristeza, melancolía y abundante desidia.

Ahora que la he abierto:

Puedo percibir en la calle el ajetreo,

de los coches que circulan,

cada uno hacia su destino.

Los peatones que caminan atentos,

para no tropezar con otra persona,

haciendo saludos a conocidos

y sus paradas para charlas amistosas.

Respiro también más profundo,

viendo en el horizonte la montaña,

y la fantasía de un aroma a resina.

Tengo al pie de la ventana

el campo de fútbol antiguo,

deteriorado y deprimido,

echando en falta aquellos días de gloria,

de nuestro Club Deportivo;

ahora, convertido en campo de rugby,

deporte que dicen en auge,

y no se cuanta gente práctica,

siendo un deporte de minorías.

La cuestión es ¡Cómo cambió mi chip!

de tener la ventana cerrada

con mi imagen reflejada

y mis pensamientos encogidos,

a la variedad de bonitos recuerdos

que me han venido al abrirla.

 

Elda 4 Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

 


miércoles, 3 de febrero de 2021

EL GATO Y EL RATÓN

 1463



EL GATO Y EL RATÓN (Cuento infantil)

Augusto era un gato precioso, y vivía con una familia que le tenía mucho cariño. Para Marta, la niña pequeña, el gato era su mejor amigo y junto a él pasaba muchas horas jugando en el pequeño jardín de su casa.

Pero un día pasó por aquella calle el ratón Mauricio, un pillín que llevaba frito a todo el vecindario porque roía todo lo que encontraba en su camino, y le gustó la casa donde vivía Marta.

Primero dio dos vueltas por el jardín y en vista de que no había nadie, fue buscando una rendija para colarse en la casa. Se paseó por el pasillo, por las habitaciones y la cocina. Cuando llegó a la cocina y olió al guisado que estaba cocinando la madre de Marta, pensó que quedándose en aquella estancia no iba a pasar hambre, pues siempre tendría a mano algo para roer. Así que se coló entre las cazuelas y se amagó tras una tapadera.

El gato Augusto, después del paseo con Marta, llegó al jardín y siguió con sus juegos, persiguiendo a las hormigas. Y Marta fue derecha a su habitación a dejar el cuento que acababa de leer. En un descuido Mauricio, que era muy curioso, salió de entre las ollas y entró en la habitación de Marta. Cuando tuvo el cuento a su alcance, comenzó a roerle las tapas sin piedad ninguna. Y cuando se hartó regresó al escondite de la cocina.

Cuando la mamá de Marta la llamó para comer, ella y Augusto dejaron de jugar en el jardín y entraron a la casa. Una vez concluida la comida, Marta se fue a su habitación y Augusto a su capazo a hacer la siesta.

Menudo disgusto se llevó Marta cuando vio su cuento nuevo con las tapas rotas. Salió muy enfadada a preguntarle a su mamá si lo había hecho ella. Su madre asombrada de aquella travesura, de seguida pensó que era trabajo de un ratón y llamó a Augusto, que dormía plácidamente. Solo le dijo ¡BUSCA! Y Augusto se puso a rebuscar por la habitación de Marta.

No pudo encontrar nada, pero siguió buscando por las demás habitaciones maullando sin parar. Y el ratón Mauricio en cuanto lo oyó, salió disparado de entre las ollas y por una ventana saltó afuera al jardín y de allí a la calle, moviendo el rabo como si fuera un molino de viento. Augusto se dio cuenta de seguida y aunque lo persiguió hasta la puerta de la calle, desde allí vio cómo Mauricio desaparecía entre los matorrales del parque más cercano.

Cuando el ratón se percató de que Augusto era el guardián de la casa de Marta, nunca más se acercó a ella.

Ese episodio le hizo aprender al ratón Mauricio que no hay que ser travieso y además que hay que huir de donde haya gato, perro o algún peligro que desconocemos.

Elda 3 Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

 


HAY UN MILLÓN DE DÍAS

 

1462



UN MILLÓN DE DÍAS

 

Hay días para todo:

Para vivir una fantasía

bajo una lluvia de estrellas

o con la luna de testigo

un romance que palpita.

Para una noche de lujuria

en una cala escondida,

solos, tú y yo la arena

y el susurro de la mar en calma.

Para un suspiro de despedida,

cuando accedes a un tren,

en un viaje que nos separa,

y que me llena de amargura.

Para el abrazo desesperado,

que tras divisarte con tu maleta,

nos funde como a un cometa,

ante un regreso y una esperanza.

Para lo bueno, para lo malo,

para lo acontecido y deseado,

para decirte que te amo

y que no te olvidaré nunca.

¡Tengo un millón de días para amarte

y toda una vida para impresionarte!

 

Elda 3 Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

 


martes, 2 de febrero de 2021

EL CAMPO DESPIERTA DE SU LETARGO


1461




EL CAMPO DESPIERTA DE SU LETARGO

 

Ya nos llegó el aviso,

y como una paloma mensajera,

a los cuatro días de temperaturas templadas,

brotan los primeros tallos del almendro,

dando paso a su flor más primorosa.

En general todo el campo se apunta a la movida,

los cereales verdean las parcelas

y los olmos se llenan de verrugas

que darán lugar a las nuevas hojas.

La tierra despierta de su sueño,

y prepara de nuevo el lecho

para admitir en sus entrañas

a cualquier simiente que se atreva.

Ahora mismo se llenará el campo de hierba,

y el agricultor acudirá a su limpieza

para preparar la cosecha veraniega

y el deseo de convertir en un vergel su huerta.

 

Elda 2 de Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

 Licencia de Creative Commons

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

lunes, 1 de febrero de 2021

ZORAIDA Y LA ARDILLA (Cuento infantil)

 

1460




ZORAIDA Y LA ARDILLA (Cuento infantil)

 

Sucedía casi todos los días. Cuando Zoraida caminaba de regreso del colegio a su casa, en las afueras del pueblo, siempre se le cruzaba una ardilla y durante un buen trayecto, caminaba paralela a ella refugiándose en los troncos de los árboles y de vez en cuando haciendo extravagantes piruetas.

La niña ya tenía 12 años y estaba acostumbrada a hacer aquel trayecto de vuelta sola, porque por la mañana era su padre el que la llevaba a la escuela.

Así que, la compañía de la ardilla le resultaba a la niña muy divertida y se le hacía el trayecto más corto al ir siguiendo sus travesuras.

Llegó un día que Zoraida, ya a la puerta de su casa, se atrevió a acercarse a la ardilla y sacando de su mochila, el medio bocata que le había sobrado del almuerzo, se lo ofreció con delicadeza, y el simpático animalito, al principio con reparo y después con firmeza, se lo fue comiendo todo como si fuera una golosina.

A partir de aquel día, Zoraida le pidió a su madre que le preparara dos bocatas, y le explicó para quien era el segundo y a su madre le dio por reírse a carcajadas, diciéndole que las ardillas no comían más que piñas de los pinos, pero la niña no le replicó, y cuando regresó del colegio antes de despedirse de la ardilla llamó a su madre para que viera con que gracia devoraba el bocadillo la ardilla.

La madre se quedó impresionada y desde aquel día no dudó en ponerle un segundo bocata a Zoraida, sabiendo que así vendría siempre bien acompañada.

Y es que la ardilla no lo hacía por la comida, pues tenía en el monte piñas de sobra. Pero le encantaba la delicadeza de la niña y la buena armonía que existía entre ambas. A veces en la vida no es  más importante lo material, sino la amistad y el trato.

 

Elda 01-02-2021

Jesús Gandía Núñez

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.

ADIÓS, AL PRIMER MES DEL AÑO

 1459



ADIÓS, AL PRIMER MES DEL AÑO

 

¡Puf, adiós al largo Enero!

un mes de grandes propósitos,

que este año se nos han congelado,

con tanto viento y frío helado.

No nos permitió ningún reposo,

tras la blanca borrasca Filomena,

llegaron raudas, otras cuatro

y la meteorología marcó el calendario.

Paso por alto, la tercera ola,

porque en comparación con las de la costa,

que llegaron a los quince metros,

parece que aquella fuera la Aurora.

No demos por acabado el invierno,

pues aunque “febrerico es corto”

suele ser el de temperaturas extremas,

así que no escondías, ni abrigos ni estufas,

si lo hacéis, seguro que os acordaréis de ellas.

 

Elda 1 Febrero 2021

Jesús Gandía Núñez

 Licencia de Creative Commons

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.